domingo, 20 de enero de 2013

Flora intestinal y sistema inmunitario

En primer lugar la flora intestinal la usamos para digerir la comida, pero también juega un importante papel en el sistema inmunitario.
En este sentido es conocido el papel de la flora intestinal en el desarrollo de los niños. En concreto parece que problemas como las alergias y eccemas están relacionados con trastornos en la flora intestinal durante los primeros años de vida.  

Pero la importancia de estas bacterias va más allá, nuestra flora intestinal tiene un papel importantísimo en nuestro sistema inmunitario en general y la flora bacteriana externa ayuda a la salud de este sistema. Forma parte de una barrera conocida como sistema inmune de las mucosas y crea una barrera física para los microbios invasores.
 Hay tres formas de inmunidad:
1. Barreras anatómicas – la piel es la primera línea de defensa, así como las membranas mucosas y otras respuestas físicas como el sudor, lágrimas, saliva que ayudan contra la invasión de elementos externos y antígenos
2. Sistema inmune no específico – es la respuesta general a bacterias y virus que consiguen pasar las barreras anatómicas. En este caso hablamos de inflamación, fagocitos, proetína c-reactiva…
3 Sistema inmune específico – puede aprender a mejorar su respuesta ante determinados microbios ante la exposición repetida… gracias a este sistema inmune existen las vacunas.
Es comúnmente sabido que la flora intestinal afecta e informa a nuestro sistema immune, cómo lo hace, aunque es un proceso complejo, está empezando a ser vislumbrado por los investigadores.
La flora intestinal ayuda a determinar la calidad de nuestro sistema inmune de las mucosas de varias formas.
Primero, provee una barrera física ante la colonización de microbios externos perjudiciales. En el caso de los bebés, reciben la mayoría de flora intestinal de su madre (y el ambiente que les rodea), durante el nacimiento y el siguiente año. Este es un proceso crucial, ya que las primeras bacterias en ocupar el sistema digestivo son las que establecen una relación de larga duración y mutuamente beneficiosa con el huésped (nosotros). 
Las bacterias “buenas” se asientan y mantienen a las malas a raya durante toda la vida (idealmente, ya que esto no pasa así debido principalmente al uso de antibióticos y a los malos hábitos alimenticios), por esto son tan importantes las bacterias que entran en nuestro sistema cuando nacemos. Aunque estemos hablando de microorganismos, hay un límite de espacio por lo que la cantidad que podemos tener es finita.
Una flora intestinal débil, por ejemplo, puede permitir que crezcan levaduras y bacterias dañinas. Una flora intestinal fuerte en general protege contra los microbios invasores simplemente ocupando el espacio y siendo más eficientes a la hora de obtener nutrientes que los invasores.

A continuación, la flora intestinal se comunica con ciertas características de nuestro sistema inmune para ayudarle a centrarse en los microbios invasores. ¿Alguna vez te has preguntado como sabe el sistema inmune qué bacterias atacar y cuales ignorar?  En general es a través de la histocompatibilidad, los linfocitos “leen” la histocompatibilidad de cada célula y si no es reconocible la atacan. En el caso del cáncer las células cancerígenas, al ser “propias”, son histocompatibles por eso el sistema inmune no ataca a los diferentes tipos de cáncer.
En el caso del intestino parece que tiene que ver con los ganglios linfáticos y las células estromales, que comunican a nuestro sistema inmunitario a través de los antígenos de histocompatibilidad que no deben atacar a las bacterias buenas.
Además ha sido descubierto que la flora intestinal afecta incluso al desarrollo de los órganos del sistema inmunitario. Es por ejemplo el caso del timo, un órgano situado en la caja torácica que se encarga de producir linfocitos T. En un estudio se demostró que los bebés alimentados con leche materna tenían un timo más grande y activo que los alimentados con fórmula. Esto es debido a las bacterias presentes en la leche materna, especialmente las bfidobacterias. Quedó demostrado cuando repitieron el experimento con 3 grupos, bebés alimentados con leche materna, bebés alimentados con fórmula y bebés alimentados con fórmula fermentada con bifidobacteria. El grupo de bebés alimentados con fórmula normal tenía un timo menos desarrollado y activo que los otros dos grupos.
Otro curioso estudio mostró que ratones que no tenían flora intestinal ya que eran criados en cámaras de aislamiento completamente estériles presentaban todo tipo de problemas inmunitarios: linfopenia (pocos globulos blancos), estructuras linfáticas poco desarrolladas o malformadas, con función inmunitaria comprometida y vénulas de endotelio alto poco formadas que afectan a la respuesta inmunitaria. La introducción de niveles y especies normales de bacterias produjo una normalización del sistema inmunitario de estos ratones.
El 90% de las células del cuerpo humano son microbianas mientras que un mero 10% son “humanas”. Quizás es momento de redefinir exactamente lo que significa “humano”. No podemos funcionar sin las bacterias externas que forman la flora intestinal. Tendríamos enfermedades crónicas del sistema inmune y la menor variación en la dieta o cualquier agente patógeno nos causaría grandes problemas.
Cualquier organismo (por lo menos los multicelulares de mayor tamaño) tiene una relación similar con los microbios del ambiente. La diferencia en los humanos es que somos conscientes de su existencia y tenemos métodos para eliminarlos de nuestro cuerpo y nuestro entorno. Los animales salvajes no se preocupan de estas cosas, viven en ignorancia de las hordas de bacterias que se ocupan de sus procesos internos. Aun así tienen algunos instintos, como evitar la comida dañina o deteriorada. Nosotros tenemos antibióticos, jabón, guantes, máscaras- Nuestra existencia actual puede ser calificada como evitar la naturaleza, esto trajo grandes progresos a la humanidad pero también grandes desventajas…
Claramente, una de las mejores soluciones para una inmunidad correcta es la estabilización de una población saludable de flora intestinal, idealmente de forma inmediata después del nacimiento. Si estás leyendo esto es que probablemente ya has nacido… desde hace bastante tiempo, pero eso no significa que tengas que tirar la toalla:
Cómo establecer una flora intestinal saludable
  • Evitar el azúcar, aceites vegetales, granos y legumbres en nuestra dieta.
  • Incluir grasa y proteína animal y vegetales sobre todo los de hoja verde
  • Incluir alimentos fermentados (yogur natural, kéfir, queso curado…)
  • Evitar el exceso de aseptismo (limpieza compulsiva, abuso de jabones y productos de limpieza etc.) 
  • Evitar usar antibióticos si no es recomendado por un médico. 
  • Después del uso de los mismos cuidar nuestra flora con los alimentos arriba mencionados.

Por Yerai Alonso
Fuente: Marskdailyapple

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