miércoles, 11 de marzo de 2015

Testimonio: Dieta Paleo para tratar la Enfermedad de Crohn

He recibido últimamente algunas preguntas sobre la enfermedad de Crohn y el posible efecto de la dieta paleo sobre la misma. Para traer algo de información sobre el tema a la web les comparto la traducción del testimonio de una chica que usó la dieta paleo frente a dicha enfermedad. 

Aclarar que de momento no hay evidencia científica que avale el tratamiento de esta enfermedad con dieta paleo, así que se debe tratar sólo como evidencia anecdótica.



Tengo la enfermedad de Crohn, pero durante los primeros 15 años de mi vida, no tenía ni idea. Lo que sí tenía es la preocupación de que tenía que haber una razón por la que tenía dolores de barriga brutales casi todos los días, tampoco veía normal que pudiera comer toda la basura que quisiera y nunca subir de peso, ni que todo se complicara muchísimo cuando estaba estresada.



Viví durante años sin respuestas, pero a los 15 años finalmente me diagnosticaron Crohn y empecé una vida dependiente de la medicación. Mi tratamiento me alivió un poco durante el resto de mi época en el instituto, pero cada vez que me estresaba un poco mis síntomas resurgían con fuerza, obligándome a perder clases y experiencias importantes.

La primera vez que el Crohn me mandó a urgencias fue durante mi primer año en la universidad. Haciendo prácticas para un actuación, empecé a sentir dolor en mi abdomen y no se me quitaba, como solía pasar con los dolores habituales. Después de 3 días en el hospital y de recibir dosis altas de antibióticos y esteroides, el dolor remitió. Aunque me quedé muy débil por la dieta liquida que me dieron, fui capaz de actuar y seguir con las clases.


No me podía imaginar que ese episodio era sólo el principio de mis problemas de salud, unos problemas que afectarían toda mi vida. Tenía problemas para ganar peso y todos los síntomas típicos del Crohn, pero la verdadera lucha fue entre mi enfermedad y mis sueños. Constantemente me preguntaba "¿cómo voy a intentar cumplir mis sueños?, será mi enfermedad la que diga cómo tengo que vivir y lo que puedo conseguir?"

Durante el siguiente año, seguí con la misma medicación (aunque las dosis tristemente aumentaron después de cada consulta)... hasta mi último semestre en la universidad.

Cerca del comienzo del siguiente año empecé a notar palpitaciones constantes cerca de mi pelvis. Mi apetito bajó y empecé a perder más peso todavía. Me prescribieron una medicina adicional para tratar esta aparente inflamación, pero no fue suficiente para eliminar el increíble dolor. Para ello, me prescribieron hidrocodona, que permitía que mi cuerpo dejara de sufrir durante cuatro horas cada vez que me la tomaba. También visité a un nutricionista, que haciendo gala de la clásica sabiduría convencional me recomendó beber suplementos "nutricionales" para ganar peso. Me los bebí diligentemente todos los días. Puesta de hidrocodona, conseguí aguantar y terminar la universidad, pero mis esperanzas de graduarme magna cum laude quedaron destruídas.

Esta soy yo en mi graduación. Estaba muy delgada y todavía tomando hidrocodona cada 4 horas para aliviar el dolor.



Durante todo esto, a mi padre le diagnosticaron cáncer terminal y le pronosticaron unos meses de vida. Me sentía como si el mundo estuviera conspirando contra mí. Vivía en un constante estado de dolor y depresión, y cuando debía haber estado ahí para ayudar a mi padre, era solo una sombra de mí misma, frágil, destrozada e insegura de cómo ser fuerte para él.

Dos meses después de mi graduación, el día del velatorio de mi padre, fui a una revisión con mi gastroenterólogo original que acababa de recibir los resultados de mis análisis. Todo este tiempo había estado sufriendo en silencio, pasando de un peso bajo (47 kilos) a unos preocupantes 33, debo mencionar que mido 1.72m. Me sentía como si nadie entendiera lo mal que estaba, o la cantidad de dolor que estaba sitiendo todos los días. Finalmente, tenía una prueba concreta. Mis marcadores de inflamación, los cuales una persona sana suele tener por debajo de 10, estaban a 97.

Mi doctor me dijo que había una última medicina que quería prescribirme, y si no funcionaba el siguiente paso sería cirugía para eliminar la parte dañada de mi intestino. Me prescribió un potente inmunosupresor llamado Humira. Las jeringillas tenían que ser congeladas la noche anterior así que tenía que planear estar en mi ciudad natal cada dos semanas para recibirlas. Estuve 6 meses ganando de nuevo algo de fuerza y peso, y poco a poco volviendo a encaminar mi vida a como quería que fuera. Mi sueño de ser actriz profesional se había vuelto un recuerdo lejano, pero sabía que tenía que intentarlo mientras mi salud estuviera mejorando.

Concerté una fecha para mudarme a Los Ángeles, rezando para que el Humira me mantuviera "saludable" lo suficiente como para intentarlo.  Pero igual que pasa con cualquier medicamento tan potente, los efectos secundario eran igual de potentes, incluyendo terribles eczemas, dermatitis, pérdida de pelo e infecciones; todo cosas maravillosas para una aspirante a actriz... Estos efectos fluctuaban cada semana, pero fui lo suficientemente afortunada como para conseguir un papel en una serie de la NBC llamada Siberia. Para cualquier actor este hubiera sido el día que habían soñado durante toda su vida. Para mi fue un gran salto de la emoción extrema a la preocupación extrema. La serie se grababa en Canadá, y no tenía ni idea cómo iba a hacer para conseguir mi medicina en otro país o qué tenía que hacer si me quedaba sin ella ya que no se podía transportar al extranjero. Parecía que hiciera lo que hiciera mi enfermedad siempre me estaba destrozando.

Finalmente, pasando incontables trámites burocráticos, conseguí llevar mi Humira a Canadá y grabar mi debut en televisión. Y durante estas fechas, mi novio de la universidad (ahora novio a distancia) me propuso matrimonio. Así que mientras grababa durante días enteros a 10 bajo cero en Winnipeg, también estaba planeando mi boda en Luisiana, prevista para dos días después de que volviera. No hace falta jurar que fue una tormenta perfecta de estrés, y una semana después de mi luna de miel estaba otra vez en urgencias con el intestino inflamado y bloqueado.

Después de casarnos, mi marido escuchó una entrevista de Mark Sisson en un podcast que le hizo comprar su libro "the primal blueprint". Cambió todo su estilo de vida después de leerlo, y cuando por fin salí del hospital, me volví completamente Paleo. No fue un proceso fácil. Los eczemas y la psoriasis parecieron empeorar al principio, pero fui perseverante y continué cumpliendo las premisas paleo. Seis meses después, cuando un error en mi compañía de seguros provocó que mi Humira se retrasara, estaba segura de que tendría un gran recaída, pero este retraso temporal se convirtió en una semana sin mi inyección, luego un mes, y finalmente un año a día de hoy.

Esta soy yo a día de hoy, después de grabar una escena para una película independiente, ya no tomo ninguna medicina y me siento increíblemente bien ahora que he recuperado peso.



Has leído bien, ha pasado un año desde la última vez que tomé cualquier clase de medicamento. Este no es un testimonio sólo para las personas que lo puedan leer, sino también para mí misma. Ya no estoy condicionada por una pastilla o una jeringuilla. Ya no me controla mi enfermedad, y mi cuerpo está feliz y saludable por primera vez en mi vida (todos los efectos secundarios del Humira han desaparecido).

Ahora me doy cuenta que mi carrera y mis sueños no tienen que ser puestos en pausa por mi enfermedad y por primera vez mi salud no está frenando mis ganas de autosuperarme. Y es increíble. Nadie debería pasar por esto cuando la solución puede ser tan sencilla. Lo que metes en tu cuerpo, afecta al mismo. Cuando las matemáticas son tan claras, ¿por qué las personas no se tratan mejor? Quiero que mi historia dé esperanza  a aquellos que sienten que están viviendo en la oscuridad, sin ninguna esperanza restante. Porque hay una forma mejor de vivir.

Anne-Marie

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